Soy latino, de tradición española. Nacido en Puerto Rico y por consiguiente, ciudadano americano, esa era la diferencia, pero al igual que esa cantidad de inmigrantes procedentes de toda ibero América, hablando y pensando en español.
Mi conocimiento del idioma ingles era nulo y debía buscar un trabajo urgentemente pues tenía pocos dólares, dos hijos pequeños, una esposa muy paciente y nueve cajas de cartón llenas de sueños. Entendí muy pronto que para lograr alcanzar mis metas debía de mentalizarme de que no hay vuelta atrás. Ya estábamos aquí y había que enfocar el propósito original de nuestra llegada: El Éxito.
Deseaba educar a mis hijos amando sus raíces, pero siendo abiertos a otras culturas, aprendiendo otros idiomas y viendo al mundo sin fronteras, como la aldea global que es. Paralelamente aprendí que la única manera de dejar herencia a los hijos y al mundo era emprendiendo empresas creativas. No es dependiendo del gobierno o dependiendo de un cheque. No, indudablemente, esa no era la manera.
¿Tenía clara mis metas?: SI. Con la experiencia de haber sido un comunicador en de radio y televisión, estaba resuelto a convertirme en fundador de emisoras de radio enfocados en el mundo hispano. Quería hacer radio, producida por hispanos, que entendieran sus propias necesidades en este país.
Hoy en día, tras varios años, todos y cada uno de esos proyectos se han vuelto una realidad. Todas nuestras emisoras de radio, están en ciudades de amplia concentración hispana, y publicaciones impresas como esta, se dedican exclusivamente a lo que soñé. Hoy somos más de cincuenta familias que vivimos haciendo lo que nos gusta, modelando valores, educando a nuestra gente y sobre todo, enseñándoles los principios divinos que garantizan el éxito en todas las áreas de la vida.
Durante todos estos años acá, he visto llegar a mucha gente en condiciones similares a las nuestras, otras en situaciones más desfavorables y algunas bajo circunstancias inimaginables. Pero en todos los grupos he detectado gente trabajadora que superando las más duras condiciones han logrado lo que se propusieron en un principio. Demostrando con esto que si se tiene fe en Dios y suficiente coraje para empezar de nuevo, se pueden lograr todas las metas, por más inverosímiles que puedan parecer.
No cabe duda que a pesar de las estadísticas que se muestran en las noticias, nadie puede negar que la situación de los latinos haya variado rotunda y sustancialmente. Por ejemplo: el número de empresarios hispanos se ha incrementado a razón del 300% cada año. Ahora somos cerca de dos millones de empresarios que hablamos y pensamos en español (y no todos somos bilingües). Eso demuestra que estamos realizando excelentes negocios y así de paso contribuimos a la economía nacional y a las de nuestros propios países, mediante las remesas o divisas que enviamos.
Nuestro poder adquisitivo en Estados Unidos ya sobrepasó esta llegando a 1,000 billones de dólares y se estima que pase del trillón de dólares en los próximos cinco años. Todo gracias a nuestra fuerza de trabajo, creatividad y deseos de triunfar.
Tomando la Biblia como base, encontré inspiración en historias de hombres y mujeres reales. Para mi sorpresa la mayoría de los hombres que Dios usó, eran inmigrantes en las tierras donde Dios los plantó. El Fenómeno de la inmigración en la Biblia comenzó tan temprano como en el capítulo 3 del libro de Génesis con la expatriación de Adán y Eva del huerto del Edén. Continúa con el exilio de Caín, hacia otras tierras diferentes a la que ocuparían sus padres. Noé y su familia se convierten en “la primera familia balsera” de la historia en la Biblia. Teniendo que construir una enorme “balsa” para poder salvar sus vidas, huyendo del juicio de Dios sobre la humanidad. En el mismo libro de Génesis capítulo 12 encontramos a Abraham, a quien Dios le da ordenes de salir de su patria Ur de los Caldeos. En su ruta de salida tiene que atravesar un enorme río cercano a lo que hoy se conoce como el territorio de Irak. Más tarde, por esa experiencia, los pobladores de las tierras a donde llegan, les comienzan a llamar hebreos que en su sentido antiguo hacía referencia a personas que llegaron a través del río, de hecho por mucho tiempo vivieron cerca del río Nilo.
Siguiendo con el listado de inmigrantes en la Biblia encontramos, al propio Abraham, a su sobrino Lot, a Isaac, a Jacob, a José y a toda su familia. Todos ellos tuvieron que emigrar de sus tierras de origen a tierras desconocidas, en las cuales se hablaba otro idioma y tuvieron que aprender nuevas costumbres y aprender nuevas leyes. En el libro de Éxodo capítulo 2 encontramos al primer bebe balsero, lo vemos crecer en una nación con cultura religiosa completamente opuesta a la suya, lo vemos formarse allí, aprender el idioma, al tiempo que conserva sus principios de hijo de Dios, perteneciente a la nación de Israel. De adulto se convierte en un activista de los derechos humanos de “la raza”, hasta poder sacarlos de la esclavitud. En ese proceso usa por primera vez en la historia la ley de “pies secos”. Cruzó el mar rojo con tres millones de compatriotas con los pies secos.
Así encontramos fascinantes historias de hombres y mujeres inmigrantes que Dios, guió, protegió, prosperó y guardó, no importando las leyes discriminatorias de inmigración. Entre ellos Ruth, Noemí, Esther, Esdras Nehemías, Daniel, David, en varias ocasiones, hasta llegar al mismo Jesús de Nazareth. Fue inmigrante en más de un sentido, se exilió del cielo para entrar en esta tierra tan injusta por alcanzar a lo inmigrantes y pecadores en general. A los dos años de edad tiene que huir por razones políticas de Nazareth a Egipto y tiene que hacerlo cruzando por lo menos un cuerpo de agua (un río o un mar dependiendo la ruta). Por eso. Si tú eres un inmigrante, recuerda que no estás solo, Dios mismo sabe lo que significa ser extranjero. Él lo vivió en su hijo. Dios mismo ha tenido que proteger, cuidar, bendecir y prosperar a sus hijos en todos los tiempos, desde el comienzo de la humanidad, contra situaciones injustas referente a la inmigración. No te rindas, no pierdas la fe.
Todo depende de nuestros principios de vida, de nuestra entrega, de nuestra decisión que está, ya sabes, salvaguardada por la fuerza de Dios, y no dependen de las circunstancias ni de las subvenciones del gobierno. Después de todo Dios quiere que a nosotros nos vaya bien. La última Palabra sobre tu status migratorio la tiene Él. Dios vigila tu entrada y tu salida desde ahora y para siempre.
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