Nos puede tocar solos, en compañía, con o sin advertencia. Los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, nos confronta con la realidad de que la muerte, no discrimina por edad o por condición social o número de personas que la enfrentarán en determinado momento.
En los noticieros, las noticias de muertes son las que más llaman la atención. Es lo que mas audiencia genera. Las personas no se cansan de leer o ver noticias relacionadas con la muerte. Pero cuando se trata de hablar de la muerte propia, la mayoría evita el tema. La pregunta sería: Por qué? Por qué evitamos el tema cuando se trata de la muerte propia?
Porque todos vivimos con la convicción de querer vivir y con la expectativa de vivir mucho. Pero vivir mucho para qué? Es que fuimos diseñados originalmente para no ver muerte, mas bien para engendrar o dar vida. Dios nos diseñó con una necesidad innata de vivir y de reproducir vida.
El Creador cuando nos pensó, nos pensó eterno, nos pensó viviendo a plenitud. Nos pensó con su misma personalidad. La personalidad de Dios es de creatividad, de entrega. Dios nos concibió en su mente para vida y para dar vida. Para dar vida, no para que muriéramos. No nos creó para muerte, no esperaba que fuéramos ni tema, ni causa de muerte. Dios nos hizo con un "instinto" de vida plena, de vida creativa inagotable, justo así como El es. Fuimos pensados vivos y dando vida. A su imagen (Génesis 1.26).
Por eso pensar en nuestra muerte siempre es y será incómodo. Porque Dios mismo lo ideó así: "Puso también la eternidad en la mente del hombre", Eclesiastés 3:11 . El caso es que así fuimos ideados para vivir eternamente. El hombre por su pecado se sentenció a muerte en lo natural (Génesis 3).
A fin de resolver ese conflicto, de sentencia de muerte física y el anhelo natural de seguir vivos, podemos redirigir nuestras vidas y forma de pensamiento para hacernos inmortales en nuestra aportación a la humanidad. Cómo? A través de la entrega, de la reproducción de nuestros talentos, de nuestros logros y recursos antes de que nos llegue la hora de partir de este mundo. Es lo que llamaremos en este escrito, la aspiración de morir vacíos. No es otra cosa que vivir cada día de nuestra vida inmortalizándonos mediante la entrega de lo que somos.
La manera de no morir aunque los años nos apaguen la vida, es entregándole a nuestra generación y a la venidera nuestro máximo potencial. Entregar, sembrar, depositar, regalar a otros lo mayor de nuestro conocimiento, el saldo de nuestras experiencias, lo mejor de lo vivido. Es no reservarte nada para llevarte a la tumba. Es entregar lo mejor de ti, a los que conviven contigo diariamente y aún a los que coinciden contigo accidentalmente.
Si entregas todo lo de Dios que llevas por dentro (".todo don perfecto viene del Padre de las luces."), aunque te maten no morirás, aunque dejes de respirar tu herencia no dejará de latir. Cuando entregas buenas obras, buenas ideas y un buen modelo de tu herencia divina, entonces eres merecedor de haber vivido.
Dios puso en cada uno de nosotros la genética de su naturaleza. En cada uno puso su DNA divino, pero al mismo tiempo depositó de manera individualizada genes únicos y exclusivos. Nadie puede ser un mejor Edwin Lemuel, que yo. Yo jamás podré ser, por mucho que me afane, un mejor Juan Rodríguez, que Juan Rodríguez. Juan, José y tu tienen cada uno algo de Dios, que les fue entregado exclusivamente a ustedes. Hay algo de Dios que te fue dado a ti, que yo no tengo. Hay una parte de Dios en ti que el mundo aún no conoce y que solo podrá conocer a través de ti. Por eso la urgencia de que des lo mejor de ti en todo lo que haces. En lo mejor de ti está encerrado lo mejor que ha puesto Dios para que lo compartas con este mundo, con la generación en que te ha tocado vivir y con la generación venidera. Si tu no das lo mejor de ti a esta sociedad la perjudicas, porque esta sociedad y este mundo se perderán de una parte de Dios que solo tu puedes mostrarnos. Progresa en ese negocio, lleva a cabo ese sueño que vienes posponiendo. Si no lo haces me perjudicas a mi, a tus hijos y a este mundo porque nos privarás de ver algo único muy exclusivo que te fue dado solo a ti. No te vayas de este mundo llevándote todo eso que llevas por dentro. Realízalo, transfiérelo del mundo de tus anhelos al mundo físico. Muere vacío, no te lleves lo que te ha sido dado por Dios para dejarlo a los que vienen después de nosotros.
Si vas morir, algún día como todos nosotros moriremos en lo natural; Cuando llegue la hora, muere vacío. Que todos los grandes y pequeños sueños que Dios te dio, los hayas logrado. Que todas las grandes metas y las otras, las hayas alcanzado. Este mundo está hambriento de ti. No te lleves nada a la tumba, vive cada día vaciando tu máximo potencial en los demás y en favor de tu nación y de tu mundo. Cuando llegue el momento muere, pero no el día antes, ni una hora antes, muere el día que te toque, pero eso si; muere vacío.
Por: Pastor, Edwin Lemuel Ortiz
Pastor General Auditorio De La Fe Pembroke Pines, FL.
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