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Compromiso y credibilidad
Este mundo en que vivimos es una fuente incesante de tentación para nuestros sentidos, todas sus propuestas encuentran “un cliente perfecto” cada segundo que pasa. Muchos son seducidos fácilmente por las corrientes del mundo y sin saberlo terminan faltando a la palabra dada, terminan posponiendo lealtades y haciendo pedazos los compromisos más sagrados. Los compromisos con los principios, con la fidelidad a la pareja, a los hijos y aún a los compromisos con Dios.

Si somos lo suficientemente honestos, pudiéramos reconocer que la mayoría de nosotros no hacemos lo suficiente para tener una relación de compromiso consistente y estable con las personas que más amamos, especialmente, con Dios.

Una mujer empresaria, con recursos financieros importantes nos da una lección muy clara sobre lo que debe ser nuestra prioridad en la vida. Esta mujer deja de lado cosas muy urgentes para dedicarse hacer lo importante. Es una cátedra de compromiso y de prioridades. María (la hermana de un tal Lázaro-Simón) modela cómo dejar de hacer las cosas que pueden esperar, por las que son impostergables; como venir a los pies del Señor para conocerle, amarle y servirle (Lucas 10:40-42).
Es de suma importancia que el hombre y la mujer del mundo empresarial y profesional, medite profundamente en la seriedad de los asuntos espirituales por encima de los demás asuntos y que dé más tiempo a cumplir con Dios y sus instrucciones, que a los afanes de la vida.

Necesitamos como empresarios y profesionales, como estudiantes y obreros, como ejecutivos y mecánicos, como propietarios y empleados; empezar a extender nuestra vida de oración a la meditación y a la auto-evaluación. Nos vendría bien vivir vidas de mayor compromiso con la moral, la ética en los negocios, hacer más trabajos de caridad, visitar enfermos y ancianos. Nos ayudaría, ocuparnos en la buena lectura, especialmente, de la Biblia. Esto nos hace estables, creíbles, transparentes en la casa y en la oficina, en el auto y en el gimnasio. Nos hace mejores personas. En resumen una vida de compromiso con Cristo y con nuestro prójimo. La vida de Cristo incluye el amor a los demás.

El compromiso con lo espiritual

El llamado incluye transformarnos en personas que dependamos más del espíritu que de las ofertas que entran por los sentidos.

Los sentidos y las emociones son ventanas de nuestras almas. Es a través del estímulo de los sentidos que nuestros deseos humanos son acelerados hasta que se convierten en pasiones desordenadas. La vista siente hambre por cosas hermosas y sensuales que nos llevan a suspender compromisos. Los oídos, como antenas parabólicas, nos desvían de los acuerdos. El tacto nos lleva a veces a olvidar lo prometido para dar paso al placer inmediato. El gusto y el olfato, son los de más corta duración y nos llevan a destrozar resoluciones y pactos propios.

Nos llevan a romper toda clase de compromiso. Haciendo de nuestra vida, una vida ausente de toda credibilidad. Ellos se vuelven tan dominantes que nos arrastran a la verguenza.

Gracias a los sentidos, muchos de nuestros “más grandes compromisos”, no son más validos que el papel en que están escritos. Me refiero a actas matrimoniales que firmamos con la intención de burlar, contratos que hacemos con la intención de violarlos, préstamos y financiamiento que no tenemos ninguna intención de pagar.
Si no hacemos esfuerzos determinados para controlar nuestros sentidos, nuestros compromisos tarde que temprano perderán toda credibilidad. Se haya dado cuenta o no, los cada vez más imprescindibles “informes de crédito”, lo que miden es precisamente eso, la credibilidad o lo que es lo mismo nuestra cultura de compromiso. Esos informes (los “credit reports”), si los analiza bien, son instrumentos de medición de los compromisos, cualifican por dónde anda nuestra credibilidad.

Si reflexiona sobre el nivel del historial de crédito de la persona promedio en América, encontrará datos muy reveladores.
Más de 205 millones de personas en los Estados Unidos tienen un préstamo de la tarjeta de crédito, de vehículo o préstamo de la hipoteca de estudiante. Todos están siendo medidos más que en su crédito en sus compromisos.

De esos 205 millones menos del 30% tiene un “historial de compromiso” bueno y sólo un 20% tiene una “credibilidad” más que buena frente a los compromisos. Algo anda mal en una sociedad con ese perfíl, se trata de la agonía de la honorabilidad colectiva, la ausencia del compromiso. Todo esto revela descontrol, falta de dominio propio, glotonería, materialismo excesivo, sensualidad, lujuria por el consumismo y mala dirección.

Un autor certero en una de sus grandes obras escribe: “Efectivamente, los que viven según la carne, desean lo carnal; más los que viven según el espíritu, lo espiritual” (Apóstol Pablo, Romanos 8.5).

El compromiso final

Como hombres y mujeres que protagonizamos este momento de la historia, debemos confesar nuestros pecados de falta de compromiso. Arrepentirnos, cambiar de dirección y comenzar a sostener y cumplir lo que prometemos. Guardarnos para Dios. Proteger los valores y dar, si fuera necesario, hasta la vida, con el fin de no deshonrar nuestros compromisos con Dios y con el prójimo. Sé fiel a tu palabra y al consejo divino y bienvenido a la grandeza.

Fuente: ConexiónUsa